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5 de enero de 2015

Bienvenido

Es curioso como cada 1 de enero
el contador siempre se pone a 0,
Y es como si el mundo nos diese,
de nuevo,
una nueva oportunidad para rectificarnos.
Para volvernos buenos.
Para darle una capa de brillo a nuestros mejores deseos.
"Cumplir los propósitos"
y tener otros 365 días para terminar dejándolos,
dejándonos,
apartados en un rincón.
Pues en cuestión de un minuto,
la bola baja y decimos adiós al eterno 31.
Y con Mecano de fondo nos convertimos en burbujas de Freixenet.
Y la vida es maravillosa
y queremos besarnos y darnos placer;
adiós a las noches grises que nos nublaban durante el año,
nace ante nuestros ojos un prometedor amanecer.
Y una vez más,
nos proponemos abandonar los vicios,
disfrutar de los pequeños detalles del universo
y dibujar un  nosotros que merezca la pena conocer.
Es curioso,
pues sin rectificarnos queremos curar la herida,
o mejor aún,
hacer como que nunca hubo rasguño,
como si no nos hubiésemos llegado a caer.
Olvidamos que ayer nos ahogaba la supervivencia
y nos ahorcaba como pañuelo de seda
despertar cada mañana otra vez.
Porque es enero y desechamos malos momentos,
olvidamos que no sabemos querer ni querernos,
nos damos un lavado de cara
y de pronto,
el corazón es más puro que el alma
y ella ha comenzado a resplandecer.
Y somos justos,
o lo intentamos.
Seguimos la línea que nos han trazado.
Y no nos torcemos nunca,
ladeamos,
pero no alcanzamos a vencer.
De momento.
Aunque con 5 días entre las manos.
Y que así sigan.
No soportaría que la suerte me hiciese reiniciar la partida otra vez.

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