y no hay segundo que se de,
nos de,
el lujo de descansar por un rato
y alcanzarlo.
Las hojas
han dejado de caerse
y hoy florecen vientos
que mil bocas matarían por tenerlos.
Por rozarlos.
Y las flores
dejan un bucólico rastro
con aroma de domingo.
Día de fiesta en cada hora de la rutina.
Que vuela.
Nos adelanta corriendo
y no se detiene.
Y cada vez queda menos.
Los relojes se enfrentan
y las agujas compiten por acabar
la jornada,
la vida.
Pero solo por un rato.
Y hasta luego.
No queda más espacio para tanta alegría.
Para tanto cambio en tan poco tiempo.
Para la euforia,
para la prisa;
para el miedo a perder,
a perdernos.
El deseo de acabar
y comenzar otra historia,
otro rollo en la película.
Sin tirar los negativos.
Sin dejar de lado lo que fue.
Lo que seguirá siendo.
Sin dejarnos,
a nosotros mismos,
ni nosotros con vosotros.
A nada.
Caminando con pies de plomo,
preparándonos para abrir las alas.
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