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5 de mayo de 2014

El tiempo pasa 
y no hay segundo que se de,
nos de,
el lujo de descansar por un rato 
y alcanzarlo. 
Las hojas 
han dejado de caerse
y hoy florecen vientos 
que mil bocas matarían por tenerlos. 
Por rozarlos. 
Y las flores 
dejan un bucólico rastro
con aroma de domingo. 
Día de fiesta en cada hora de la rutina. 
Que vuela. 
Nos adelanta corriendo 
y no se detiene. 
Y cada vez queda menos. 
Los relojes se enfrentan
y las agujas compiten por acabar 
la jornada,
la vida. 
Pero solo por un rato. 

Y hasta luego. 

No queda más espacio para tanta alegría.  
Para tanto cambio en tan poco tiempo. 
Para la euforia,
para la prisa;
para el miedo a perder, 
a perdernos.
El deseo de acabar 
y comenzar otra historia,
otro rollo en la película. 
Sin tirar los negativos. 
Sin dejar de lado lo que fue. 
Lo que seguirá siendo. 
Sin dejarnos,
a nosotros mismos,
ni nosotros con vosotros. 
A nada. 
Caminando con pies de plomo, 
preparándonos para abrir las alas. 

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