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11 de diciembre de 2014

Hay días
en los que el agotamiento
es superior a la vida.
Y las nubes,
barnizadas
de azufre y queroseno,
se aferran
a la vértebra superior
de la falda del cuello;
y la toman como su casa.
"Complejo turístico para el miedo a la cobardía.
Sociedad Anónima".

Días
en los que el cerebro
arde con mil brasas
incandescentes.
Y salta,
y borbotea,
y burbujea
alquitrán y adrenalina.

Hasta que explota.

Y mil chinas entran
en otros dos mil ojos.
Y se hunden.
Se sumergen en lo más profundo
petrificando
el lodo de la pupila.
Construyendo y ahogando
barcos de papel
sin timonel,
a la deriva.

Son días.
Son años.
En los que hasta el mínimo roce
resulta una bofetada en la autoestima.
En el ego.
En el amor propio,
¡ah no!
disculpa,
Ningún amor existe para entonces.

Y la pena,
la desdicha;
es que ni la falta
ni la abundancia,
son buenas cargas para el corazón.
Que un día te dice
que adiós muy buenas
y se marchita.

Pero es que ahora
no importarán las caricias
en el paladar del cielo.
No quedará la disciplina
de respirar
al ver avecinarse la masacre.
No servirán los palos
más que para apalearse a uno mismo.
Y así quedar,
alone again,
naturally.

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